“La zona del euro se enfrenta a una reversión de la dinámica de convergencia que afecta a sus principales economías, incluidas las de Francia, Italia y España”

J.Acques Delors (1925-2023) analizó sin concesiones la unión económica y monetaria (UEM), cuyo aspecto económico, según sus palabras, era el talón de Aquiles. El laborioso compromiso entre Estados “derrochadores” y “frugales” sobre la reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PSC), que entrará en vigor en 2024, parece respaldar este diagnóstico.

En el origen de la UEM, prevalecía la hipótesis de que la convergencia de las economías y el respeto por parte de los Estados de un código de buena conducta permitían una coordinación macroeconómica minimalista basada en la presión de los pares y en la fijación de estándares de referencia: el 60 % y el 3 % del producto interior bruto ( PIB) para las deudas y los déficits públicos, complementados luego con un objetivo de déficit estructurado y un objetivo de reducir las deudas que exceden el 60% del PIB en una vigésima parte por año.

Estas normas apenas se han respetado (una vez de cada dos por término medio, una vez de cada cinco por parte de Francia o Italia, etc.). El techo del 3% se redujo periódicamente, se ignoraron los saldos estructurales y las deudas públicas divergieron marcadamente. La supervisión macroeconómica comunitaria también ha demostrado ser incapaz de prevenir los desequilibrios que llevaron a la crisis de la eurozona de 2010-2014. La UEM sobrevivió gracias al Mecanismo Europeo de Estabilidad y a la movilización por parte del Banco Central Europeo (BCE) de instrumentos antifragmentación, en un papel de asegurador de última instancia de la integridad de la zona del euro.

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El fracaso del PSC se ha atribuido a menudo a la complejidad normas o su carácter excesivamente coercitivo, que algunos Estados pudieron eludir cuando otros las cumplieron (siendo estos últimos aquellos donde el PIB per cápita ha aumentado más desde 1999). También se discutió la relevancia teórica o empírica de las referencias del 3% y 60% del PIB. Pero más bien debemos admitir una disfunción en la gobernanza económica general de la zona del euro, donde las garantías ofrecidas por el BCE crean un riesgo moral que no conduce al respeto de la disciplina colectiva.

Crédito Nacional

Los objetivos declarados de la reforma del PSC eran simplificarlo y facilitar su “apropiación” por parte de los Estados. Sin embargo, el primer objetivo está lejos de alcanzarse. Los Estados cuyo déficit y deuda superan el 3% y el 60% del PIB presentan programas de gasto plurianuales que garantizan «plausible» la sostenibilidad de su deuda en un horizonte de cuatro años (y siete años si emprenden reformas estructurales coherentes con los objetivos de la Unión). Estos programas garantizarán una reducción anual del 0,5% al ​​1% de los ratios de endeudamiento (según superen el 60% o el 90% del PIB), preservando al mismo tiempo un margen del 1,5% respecto al umbral del 3%.

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